miércoles, 10 de junio de 2015

La rosa de Alejandría.


Me preparo para salir al campo y regresar con un buen reportaje sobre la peonia. Ella justifica por sí solo la puesta en marcha de una nueva ruta de senderismo en Aldeacentenera poniendo en valor una de las joyas botánicas por excelencia de nuestra tierra cuya floración se está convirtiendo en una especie de peregrinación para sus amantes hasta el entorno en que  habita esta planta.
Mi primer encuentro  con la belleza de esta planta debió ocurrir en el inmemorial tiempo de la infancia; tal vez en las umbrías de los Valbellíos, a los pies de sus robustos robles, donde mis padres me criaron respingando libre junto a mis hermanos del alma, cuando consideraba que todo aquello que crecía hermoso a mi alrededor debía  acarrearlo pa'l chozo, al menos una muestra. ¡Cuánta fuerza tiene la belleza compartida!



Tuvieron que pasar muchas primaveras para volver a encontrarme de nuevo con ella en el Monte de Cuarcita, muy lejos de La Mar Salada bermeana, donde se acababan los caminos y empezaban las estelas. Y es que es planta de tierras meridionales.
Su belleza me sorprendió de nuevo en el puerto de Berzocana camino de la escuela en un paraje escondido de la sierra al que poco tardé en considerar uno de mis favoritos y  ponerle nombre:el rincón de las hadas.
 Allí crecían junto a otras muchas especies de flores, la hierba de San Juan que está por encima de todo lo imaginable, el asphodelus albus que alimenta a los muertos, la humilde guija tuberosa,... Allí paraba a recolectar moras en septiembre y castañas  en noviembre. Allí me topé con aquella extraña mujer que  salió de pronto de la espesura con su cesta de mimbre repleta de plantas mágicas y que me asustó tanto que hizo que me escondiera como un niño chico  y temeroso. Allí llevaba a mis hijos a asar los calbotes de Los Santos y era una pelea regresarlos porque siempre querían quedarse a construir una cabaña en la que pasar la noche. 
Allí las descubrí un día de  mayo cuando comienzan a asomarse las flores de la Rosa de Alejandría como si  los duendes del bosque las hubiesen sembrado la noche antes para mí, una alfombra natural de peonias convocadas por el embrujo polinizador. ¡Difícil describir tanta emoción, tanto sobresalto! 


Y desde entonces tengo una cita con la rosa albardera todos los primeros de mayo. Ella siempre acude, yo a veces falto ocupado en menesteres menos bucólicos. Es difícil expresarlo con palabras; Hay que disfrutarla en la sierra, tenemos la suerte de que brote en nuestra tierra y por lo tanto el deber de conocerla, enseñarla y sobre todo respetarla. No quedan muchas y, aunque en territorios como las Villuercas, la Siberia y otras sierras y montes de Extremadura son fáciles de encontrar, están en franco retroceso.
Son una especie botánica muy característica a la que deberíamos tener una consideración y al menos un cariño especial. En el campo debemos tratarlas con mucho mimo contemplándola con el mayor de los respetos, procurando no dañarla y por supuesto no debemos cortarla ni arrancarla.


A mi personalmente me recuerda a la hermosura de una rosa cultivada.
El nombre chino de la peonia es "sho yu" y su significado es "la más bonita".
Por nuestras tierras la conocemos por rosa albardera, del árabe "al ward" que significa "la rosa".
Si el nombre de las flores lo dice todo de ellas, fijaos lo poderosa que será esta planta para que tenga tantas denominaciones en castellano:peonia, albardera, cuernos, duelecabezas, escaramondamanos, escaramón, flor de la epilepsia, flor de la maldita,  flor de rejalgar, flor del diablo, flor maldita, hierba de la almorrana, hinchagüez, hinchamanos,  pata de gallina, pata de gallo, matagallina, pedonia, peonia, peonia real, peonía, peonía macho y hembra, peronía, perruna, pionea, pionia, pionía, pionía de los matorrales, polonias, ponea, quemaojos,  rosa, rosa albardera, rosa cagalerosa, rosa de Alejandría, rosa de Santa Clara, rosa de Santa María, rosa de lagarto, rosa de lobo, rosa de monte, rosa de rejalgar, rosa de sarna, rosa del diablo, rosa del monte, rosa macho y hembra, rosa maldita, rosa mojosa, rosa montesa, rosa montesina, rosa montés, rosa peonía, rosa perruna, rosa puposa, rosa silvestre, rosa del diablo, rosón, rosón del diablo, saltaojos, tamo real, tufona, yerba casta, yerba de Santa Rosa y más....


Permitidme ahora que os descubra algunas cosillas interesantes de conocer sobre la peonia.
Fueron los sabios griegos quienes descubrieron sus propiedades y la llamaron Planta que Emana de la Luna o Planta Divina. 
Su nombre latino Paeonia le fue dado en honor a Peón, el médico de los dioses, el que curó al dios Ares cuando resultó herido en la guerra de Troya, el que curó a Hades de la herida provocada por un flechazo de Hércules.
Los padres de la medicina griega (Hipócrates, Dioscórides, Teofrasto) o latinos como Plinio describieron esta planta analizando sus propiedades curativas.
Plinio El Viejo, médico romano, creía que el olor de las Peonías producía dolor de cabeza (duele cabezas es uno de los nombres con los que la sabiduría popular la menciona)  pero curaban de las pesadillas provocadas por los faunos.



Antiguamente la creían propicia para ahuyentar espíritus, alejar tempestades y preservar las cosechas.
Se recolectaba por sus especiales propiedades medicinales y para rituales supersticiosos. Mencionaban, que esta extraordinaria flor podía aliviar los dolores del alma. En China se utilizaba como droga que poseía la capacidad de llevarnos entre el Ying y el Yang de forma controlada.
También es tradicionalmente utilizada como amuleto y forma de espantar los malos espíritus. Con sus semillas rojas y negras se hacían collares con los que neutralizar los espasmos de los epilépticos.
Entre sus propiedades medicinales destacan la de reducir inflamaciones, disminuir la presión sanguínea, bajar la fiebre, prevenir los dolores de vejiga y riñones así como ayudar a  fertilizar actuando contra el síndrome del ovario poliquístico.


El análisis químico de las semillas de peonía ha puesto de manifiesto que contienen mucho aceite (un 25 %) y un alcaloide conocido como peregrinina aunque esto último está pendiente de estudios más profundos sobre las propiedades terapéuticas de esta planta.
Las espesuras de Valdeagudo, territorio vetón, bosque sin hollar, entre encinas y jarales, son propicias para que esta mágica planta se nos manifieste en toda su belleza y esplendor. Muy cerca de nuestro pueblo, formando parte de nuestro paisaje, se nos ofrece una de las más espectaculares floraciones que nuestros ojos puedan contemplar.
Somos afortunados de tenerte y conservarte entre nosotros, Rosa de Alejandría, la más bonita.
Bien te conoce el que camina con la mirada atenta.


   




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