sábado, 9 de enero de 2016

huesos rotos

Era la mágica noche de Reyes. Mientras los niños felices se aseguraban de que sus zapatillas aguardaran boquiabiertas y ansiosas su regalos bajo el árbol de  luz, yo encerraba todo mi dolor en una jaula de huesos rotos que coloqué junto al escaño a la puerta de la casa. Era la noche de Reyes y no pedía ningún presente. Tan solo quería que se llevaran lejos de mí aquella jaula de huesos rotos que tanto dolor encerraba dentro.
Por fin el sueño reparador acarició mi frente.


Y entonces apareció ella, la enviada, hermosa criatura envuelta  en bordados de vivos colores y con aquel mono sobre sus hombros morenos que  decoraba con flores su cabellera , infinita liana convertida en selva que arrancaba de sus cejas para trepar al blanco lienzo del techo.
Y me habló. Y me dijo que no podía llevarse mi dolor, a dónde, para quién,…?
._Es tuyo. Aprende de él ahora que está contigo, te hace fuerte, te reta, te hace débil, te enseña, te humilla y te muestra el rostro de aquellos que en verdad te aman. Árbol de la esperanza, mantente firme.  Me llamo Magdalena Carmen y sé de lo que hablo.


Noté que un puñal de hielo se clavaba entre mis costillas. Desperté. El Día de Reyes amaneció sin niños en los parques. Colgué mi jaula de huesos rotos al solaire en el balcón. Dentro de ella el pájaro azul de mi dolor entonaba una triste y hermosa canción de amor.

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