lunes, 31 de octubre de 2011

el vale

Cogió su ropa y se vistió a oscuras aprovechando las ráfagas de luz que ya punteaban el azul de las paredes.
Con un sentimiento de expulsión salió a la calle.
Ya en el portal cerró los ojos y alzó su rostro hacia el sol de la mañana.
Parecía absorber todos sus rayos con la sensación de que quizá nunca más volviera a sentir aquel calor.
Respiró saboreando la intensidad de su propio placer y se alejó calle abajo con paso lento y seguro.

-Pasé toda la noche a tu lado.
-Llegué a tocar tu cuerpo perfecto con mi mente.

Él se acurrucó al susurro de aquella voz que le lamía hasta el punto de hacerle sentir un extraño cosquilleo.
Cuando todo acabó durmió plácido, con sueño de niño chico y travieso. Morfeo pintó una sonrisa en la comisura de sus labios que le duró toda la noche.


Ella dijo buenas noches y al otro lado el silencio apagó su voz. Cubrió su alma desnuda bajo el tibio calor del edredón de lana.
Quiso exprimir el momento con la certeza de que todo aquello había ocurrido realmente. El pensamiento invocó de nuevo a los sentidos y con ellos esta vez llegó el deseo.
Y luego el sueño…
La despertaba el penetrante aroma de unos lirios inmaculados sobre su mesita de noche. Junto a ellos había unos trozos de papel que recogía uno a uno. Recomponía todas las piezas. Las leía. Era un vale todavía no caducado que otorgaba al portador el derecho a besar sus labios.
No sabía si lloraba o reía.
 Si un día apareciera, incluso aunque se fuera pronto ...


En la oscuridad de su alcoba nunca antes compartida cogió su ropa y se vistió.



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