lunes, 7 de agosto de 2017

Luminosa mañana.


- Otro año más que recoges  el fruto a tu melocotonero,  padre. No te quejes. Date prisa y no los tientes tanto que nos va a dar San Bartolo y no hemos acabao.


-Déjame que saboree el momento, hijo. A ti también se te acabarán las prisas algún día.
Si ella los pudiera ver!

-Nos está viendo, padre;  nunca nos quita ojo.


- Ni se te ocurra subirte a la escalera. Anda, siéntate un ratino a la sombra de la parra y descansa un poco.

-¡Vaya cosecha! Los mejores ponlos los cimeros en las cajas. Para la foto, digo.


-¿Y ahora qué?  ¿mermelada, en almíbar, orejones?

- Estos los meto en el Renault 4 y mañana martes los estoy vendiendo a los paisanos en el mercado de Bermeo, que los tengo tupíos de queso, chorizos y aceitunas.

-¡Sí, ya quisieras tú!

- Bai ¡Qué tiempos aquellos!  Los tocaos para los guarros de Israel y ponme unos cuantos de los más bonitos en esa cuba que se los voy a llevar a Goya, la vecina. 




-Hoy ya no como.
-Ya; Y te pierdes la sesión de gimnasia con Nazaret en la resi. 

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